Mirarnos

En otros aprendizajes hablamos del tiempo, de dedicarle tiempo a hacer las cosas que nos hacen bien, que nos gustan. Hoy quiero hablarte sobre el mirarnos, de tomarnos ese rato para conectarnos con nosotros mismos. Para buscar identificar, qué nos está haciendo bien, y qué no tanto. Un rato, para volver a vos, parar la pelota.


Cuantas veces cuando estas por salir con alguien, te pones lo mejor que tenes, y te miras al espejo para ver cómo te queda, o como cuando te haces una foto y la compartís en las redes, que le dedicas tiempo a mirar, el físico, la ropa cómo te calza etc. Eso mismo te invito a hacer pero está vuelta el mirarnos es hacia adentro.


A tu ritmo y a tu tiempo, pero no dejes pasar las oportunidades, porque te va ayudar a no repetir situaciones; pero sobre todo empezar a entender qué sí resuena con vos, qué es para vos, y que ya dejó de serlo: una situación, un trabajo, una pareja…


El universo/Dios nos habla todo el tiempo, simplemente tenemos que agudizar nuestros sentidos y estar atentos a las señales. De eso se trata el despertar, el estar bien despiertos, aquí y ahora.


Te voy a contar un cuento (quizás ya lo escuchaste)


Hace muchos años en un pueblo chico, empezaron a correr la voz de que se venían inundaciones y que el pueblo iba a desaparecer. La gente comenzó a irse del pueblo, el cura de la iglesia era muy conocido por eso las personas lo iban a buscar para que se fuera con ellos. Los primeros en pasar por la iglesia fueron unas familias que no tenían auto y se iban caminando hasta la ciudad más cercana, pero el cura no quiso ir porque decía que Dios lo iba a salvar.


El segundo grupo se iba del pueblo en autos y camionetas, el sacerdote tampoco quiso ir, dijo lo mismo “Dios me va a salvar”. El agua comenzó a subir, vinieron con lanchas a rescatarlo y volvió a repetir su decisión.


El cura ya estaba en el techo porque el agua había avanzado mucho. Pasó un helicóptero a buscarlo y les dijo lo mismo. El curo falleció. Cuando llegó al cielo, se encontró con Dios y le dijo: “Padre he confiado que me ibas a salvar y no fue así. Dios le respondió lo intente muchas veces, te mande gente a pie, autos, camionetas, lanchas hasta un helicóptero pero no logrado interpretar mis mensajes”


La moraleja es muy clara:


La primera vez por ser la primera vez el cura no lo entendía, pero después de esa vez la situación se repitió y él se mantuvo firme, inflexible, con la misma postura, sin mirar a los costados, sin evaluar alternativas, sin preguntas o caminos posibles.


¿Cuántas veces nos cerramos en una idea fija? ¿Cuántas veces hacemos planes y aunque no fluya, forzamos hasta encajar, porque nos da miedo soltar o confiar en que existen alternativas u opciones? Sólo hay que estar atentos y saber agarrarlas.


Hoy te invito a reflexionar y preguntarte si viviste situaciones parecidas a la de este sacerdote. Y a mirarte al espejo pero no solo para ver como te queda lo que llevas puesto , mirarte y saber si te estás aceptando, si te estas aferrando a algo que no va más, si estás obsesionado con algo que quizás no es para vos…si hay cerca oportunidades y alternativas que pueden ayudarte a vivir en paz armonía y mayor plenitud. Escuchemos las señales.




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